TENER EL MONO
Nunca pensé que me quedara sin ella. Me había enganchado hacía siete años. Lo que empezó como un juego de fin de semana – solo los sábados – con los amigos, se convirtió en una DEPENDENCIA.
Después el mono lo paliaba en casa a escondidas antes de irme a dormir. ¡No podía estar sin ella! Se hizo mi dosis diaria.
Así estuve siete años: Enganchado… y la gente lo sabia… y me entendía. Me gustaba y la necesitaba.
En junio de 2008, conseguí dejármela y hoy no soy el mismo. Me la he quitado y ha sido lo peor. Me ha cambiado un poco el carácter y eso lo ha notado mi familia y mis amigos. Es lo que tiene “tener el mono”.
Ahora, aunque la tengo un poco cerca, ya no la pruebo, ya no entro al estudio, ya no cojo el micrófono amarillo de la SER, ya no estoy al otro lado de la radio.
Después el mono lo paliaba en casa a escondidas antes de irme a dormir. ¡No podía estar sin ella! Se hizo mi dosis diaria.
Así estuve siete años: Enganchado… y la gente lo sabia… y me entendía. Me gustaba y la necesitaba.
En junio de 2008, conseguí dejármela y hoy no soy el mismo. Me la he quitado y ha sido lo peor. Me ha cambiado un poco el carácter y eso lo ha notado mi familia y mis amigos. Es lo que tiene “tener el mono”.
Ahora, aunque la tengo un poco cerca, ya no la pruebo, ya no entro al estudio, ya no cojo el micrófono amarillo de la SER, ya no estoy al otro lado de la radio.
