Historias de un ilictano en Madrid: La Cibeles
Emprendemos de nuevo la ruta de “giri ilicitano” y abrimos el cuaderno de las historias de un ilicitano en Madrid. Dispuesto a descubrir la ciudad, a mezclarnos entre los madrileños y a contar todo lo contable de la capital.
El aficionado del Real Madrid tiene dos símbolos en la capital de España. El primero es el Santiago Bernabéu, escenario donde se alcanzan los triunfos. El segundo es la Cibeles, el lugar donde se celebran los éxitos de los Galácticos.
Ambos puntos están unidos por esa serpenteante arteria llamada Paseo de la Castellana. La tradición de acudir a la Cibeles para festejar victorias no es muy antigua, aunque ha adquirido su máximo protagonismo gracias a los éxitos cosechados en los últimos años, con especial relevancia las Copas de Europa conquistadas. Estos acontecimientos fueron capaces de reunir a centenares de miles de madridistas, que alrededor de la fuente aclamaron a sus héroes deportivos, en imágenes que recorrieron el mundo, secuandado la euforia de la victoria en el corazón de cada hincha blanco.
La Cibeles inspira el máximo respeto a los aficionados y a ella le cabe el gozo de saber que es sinónimo de fiesta: se siente querida por una ciudad que la admira con orgullo, que la venera. La Cibeles ya está unida a la historia del Real Madrid. ¡Por muchos años! !Y muchas veces!
Cibeles, conocida por los griegos como Rea, es la diosa de la naturaleza y de la fertilidad. Es la divinidad más antigua de Asia Menor. Nació en Frigia, fue la madre del titán Cronos y estaba considerada como la progenitora de los dioses olímpicos. Cibeles gobernaba sobre las montañas y sobre todas las fuerzas, por lo que se la representa con una corona con forma de muralla y siempre acompañada de leones.
En 1767, bajo el reinado de Carlos III, el Conde de Aranda encargó el diseño del Salón del Prado (Actualmente el Museo del Prado, que incluía nuestra querida fuente) a José de Hermosilla, aunque fue finalmente Ventura Rodríguez quien, valiéndose de sus influencias, ejecutaría este proyecto.
La fuente de la Cibeles se instaló en 1782 en el Paseo de Recoletos, junto al Palacio de Buenavista, orientada hacia el Paseo del Prado, de cara a la de Neptuno y haciéndole sobra a la diosa, los edificios del palacio de comunicaciones y el Banco de España. Los encargados de su realización fueron Francisco Gutiérrez, Roberto de Michel y el adornista Miguel Ximénez.Toda la fuente fue esculpida en mármol cárdeno del pueblo de Mostesclaros (Toledo), de acuerdo con el dibujo de Ventura Rodríguez.
Fueron empleados más de diez mil kilos de mármol.Francisco Gutiérrez realizó la parte más comprometida, es decir, la efigie de la diosa. Miguel Ximénez se encargó de la decoración que orna el trono y el carro, Los leones fueron realizados por Roberto de Miguel.En 1798, por sugerencia de Juan de Villanueva, se añadieron a la fuente un oso y un dragón, símbolos de las antiguas armas de la Villa, tal y como aparecían en su escudo.En 1895 cambió de ubicación, siendo alcalde de Madrid el Conde de Romanones. La fuente de la Cibeles pasó a ocupar el centro de la que sería conocida con el nombre de Plaza de Madrid (más tarde de Castelar), enfilada hacia la calle de Alcalá.
En ese mismo año, se colocó sobre una gradería circular de cuatro peldaños y se la rodeó de una verja, que impedía el acceso directo a la fuente. Prohibición de la que se ha hecho caso omiso en muchas ocasiones, como la historia -y las pasiones deportivas- se han encargado de demostrarnos.
La fuente de la Cibeles es también la voz de alarma del oro Español, ya que si intentaran penetrar en la cámara acorazada del banco de España de forma ilícita, el agua de la fuente inundaría las galerías de acceso a las arcas de España, y salvo el “Oro de Moscú”, quedaría todo inundado.
Nos ponemos frente a la fuente, para sacarnos una foto recuerdo de nuestro paso cerca de la diosa, para incluirla en nuestro álbum de visitas a los sitios de la capital. Y podemos terminar cantándole al universo como Placido Domingo como juega el Madrid en su campo de estrellas donde sale a luchar y donde sale a ganar. –Quizás le augure una nueva incursión de victorias y nuevos triunfos-.
El aficionado del Real Madrid tiene dos símbolos en la capital de España. El primero es el Santiago Bernabéu, escenario donde se alcanzan los triunfos. El segundo es la Cibeles, el lugar donde se celebran los éxitos de los Galácticos.
Ambos puntos están unidos por esa serpenteante arteria llamada Paseo de la Castellana. La tradición de acudir a la Cibeles para festejar victorias no es muy antigua, aunque ha adquirido su máximo protagonismo gracias a los éxitos cosechados en los últimos años, con especial relevancia las Copas de Europa conquistadas. Estos acontecimientos fueron capaces de reunir a centenares de miles de madridistas, que alrededor de la fuente aclamaron a sus héroes deportivos, en imágenes que recorrieron el mundo, secuandado la euforia de la victoria en el corazón de cada hincha blanco.
La Cibeles inspira el máximo respeto a los aficionados y a ella le cabe el gozo de saber que es sinónimo de fiesta: se siente querida por una ciudad que la admira con orgullo, que la venera. La Cibeles ya está unida a la historia del Real Madrid. ¡Por muchos años! !Y muchas veces!
Cibeles, conocida por los griegos como Rea, es la diosa de la naturaleza y de la fertilidad. Es la divinidad más antigua de Asia Menor. Nació en Frigia, fue la madre del titán Cronos y estaba considerada como la progenitora de los dioses olímpicos. Cibeles gobernaba sobre las montañas y sobre todas las fuerzas, por lo que se la representa con una corona con forma de muralla y siempre acompañada de leones.
En 1767, bajo el reinado de Carlos III, el Conde de Aranda encargó el diseño del Salón del Prado (Actualmente el Museo del Prado, que incluía nuestra querida fuente) a José de Hermosilla, aunque fue finalmente Ventura Rodríguez quien, valiéndose de sus influencias, ejecutaría este proyecto.
La fuente de la Cibeles se instaló en 1782 en el Paseo de Recoletos, junto al Palacio de Buenavista, orientada hacia el Paseo del Prado, de cara a la de Neptuno y haciéndole sobra a la diosa, los edificios del palacio de comunicaciones y el Banco de España. Los encargados de su realización fueron Francisco Gutiérrez, Roberto de Michel y el adornista Miguel Ximénez.Toda la fuente fue esculpida en mármol cárdeno del pueblo de Mostesclaros (Toledo), de acuerdo con el dibujo de Ventura Rodríguez.
Fueron empleados más de diez mil kilos de mármol.Francisco Gutiérrez realizó la parte más comprometida, es decir, la efigie de la diosa. Miguel Ximénez se encargó de la decoración que orna el trono y el carro, Los leones fueron realizados por Roberto de Miguel.En 1798, por sugerencia de Juan de Villanueva, se añadieron a la fuente un oso y un dragón, símbolos de las antiguas armas de la Villa, tal y como aparecían en su escudo.En 1895 cambió de ubicación, siendo alcalde de Madrid el Conde de Romanones. La fuente de la Cibeles pasó a ocupar el centro de la que sería conocida con el nombre de Plaza de Madrid (más tarde de Castelar), enfilada hacia la calle de Alcalá.
En ese mismo año, se colocó sobre una gradería circular de cuatro peldaños y se la rodeó de una verja, que impedía el acceso directo a la fuente. Prohibición de la que se ha hecho caso omiso en muchas ocasiones, como la historia -y las pasiones deportivas- se han encargado de demostrarnos.
La fuente de la Cibeles es también la voz de alarma del oro Español, ya que si intentaran penetrar en la cámara acorazada del banco de España de forma ilícita, el agua de la fuente inundaría las galerías de acceso a las arcas de España, y salvo el “Oro de Moscú”, quedaría todo inundado.
Nos ponemos frente a la fuente, para sacarnos una foto recuerdo de nuestro paso cerca de la diosa, para incluirla en nuestro álbum de visitas a los sitios de la capital. Y podemos terminar cantándole al universo como Placido Domingo como juega el Madrid en su campo de estrellas donde sale a luchar y donde sale a ganar. –Quizás le augure una nueva incursión de victorias y nuevos triunfos-.

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